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El paisaje huella: entre apariciones y desapariciones

“La huella va por la tierra, que nunca volverá a ser territorio.

La huella es forma opaca de aprendizaje de la rama y el viento: ser uno mismo pero derivado al otro

Édouard Glissant: Tratado del Todo-Mundo

 

El paisaje aparece cuando es interpretado, representado, mostrado, y con ello significado. Nuestro estudio propone su evidencia desde la definición de la huella como relación, como supervivencia, como rizoma expandido en la mirada del afuera, asombrada por la enormidad de nuestra naturaleza. Mirada que es desmantelada en la interpretación dada por la visión del adentro, cuestionadora de lo natural inabarcable y generadora de un nuevo paisaje, surgido de lo cercano en la acción de su errancia hacia el afuera.

La relación con la interioridad de la naturaleza perteneciente al sí mismo derivado del otro, del afuera que lo imagina, que aparece como preocupación central en la obra de los artistas Armando Reverón, Gonzalo Fuenmayor y María Virginia Pineda. Con lenguajes plásticos disímiles y temporalidades distintas, estos artistas asumen el paisaje huella como sobrevivencia con la intención de establecer una nueva, y significativa, programática sobre los establecidos paisajísticos en el particular territorio del Caribe colombo-venezolano.

Iniciamos nuestra argumentación a principios del siglo XX, en la figura del artista venezolano Armando Reverón (1889-1954), quien en su aislamiento en Macuto, en las costas del Caribe venezolano, reinventa las normas establecidas sobre lo lumínico paisajístico, proveniente del Impresionismo de finales del siglo XIX.

Reverón crea una nueva luminosidad con la que diluye por completo el paisaje de Macuto, en el que la iridiscencia luminosa es llevada a la exacerbación. Con ella el artista concibe al paisaje en desaparición, una huella en relación a la supervivencia, a la ubicación de la luz perteneciente a la naturaleza de su Caribe.

El paisaje reveroniano es la reverberación de lo inasible. La desaparición, expresada en la vibración excesiva de la evanescencia, en la volatilidad de la solidez de una naturaleza propia pronuncia en Cocoteros en la playa (1921) la luminosidad del territorio en el que el artista se encuentra y que relaciona con las fórmulas lumínicas del paisaje proveniente del afuera. Reverón utiliza la vibración de la luz como elemento de configuración plástica, capacitada para diluir el paisaje que conforma en la captación inasible de los cocoteros, en los que proyecta atmósferas propias del entorno sabido. (Img.1)

Armando Reverón: Cocoteros en la playa (1921), óleo sobre tela, 47×61 cm.
(Obra desaparecida durante los deslaves del Estado Vargas-Venezuela, 1999)
http://katherinechacon.blogspot.com/2016/09/cuatro-miradas-criticas-sobre-armando.html

Su obra sitúa los significantes de un paisaje fuera de norma, tanto en su expresión o en su materia plástica, como en el lugar de producción: la playa. Un borde del Caribe venezolano, móvil, luminosidad del sí mismo derivada al otro, del afuera, que lo imagina, y en el que los rizomas de la huella sitúan lo sólido y lo fluido en la idea que invoca a la disolución, en el progresivo del desmantelamiento de lo natural tangible que se presenta como una de las principales experimentaciones del artista.

En El árbol (1933), se ocupa de fundir el paisaje en su obsesión por lo lumínico llevado al extremo por la cegadora luz del Caribe, plasmada en el ensimismamiento formal que agota la presencia del árbol, para desaparecer dentro de una lúcida volatilidad. La obra devela la disipación de la naturaleza inabarcable con la que el artista redimensiona el paisaje condicionado por el afuera, con la intención de generar un paisaje propio. (Img.2).

Armando Reverón: El árbol (1931), óleo sobre lienzo, 64, 5x 80,6 cm. (Colección Patricia Phelps de Cisneros)
https://picturingtheamericas.org/painting/the-tree/?lang=es

Concebir paisajes significativos del entorno caribeño se presenta como una preocupación constante en los artistas que toman el género paisajístico como modo de expresión, sin limitaciones temporales o estilísticas, por lo que pueden ser hiladas relaciones entre apariciones y desapariciones del sí mismo con el afuera, con las cuales el paisaje huella surge en su visión particular de naturaleza, de su ser que escapa a lo normativo del paisaje para conducirse al ser que se asocia a su condición de rizoma, de supervivencia y de evidencia.

El paisaje, en este sentido, es el protagonista que emerge en la obligatoriedad de su visión en el retorno a su lugar, tal como es expresado en la obra del artista colombiano Gonzalo Fuenmayor (1977), quien a partir de una luminosa y fantasmática oscuridad, canceladora de toda cromática exuberante, plasma sugerentes paisajes concebidos en la aparición de la naturaleza sobre antiguas locaciones, en las que reaparece en su esplendor, y con ello la evidencia de una acción disruptiva con la que se plantean los andamiajes ocultos de una autoridad colonial.

En El invitado inesperado (2015), Fuenmayor testimonia a la naturaleza desplazada por el dominio de una civilización impuesta, ante la que se revela como sí misma, en la ruptura de la superioridad. Este particular invitado acciona el paisaje huella y la relación en la que la raíz rizoma no está desenraizada, en la que no ocupa el espacio, pero florece en la certeza de su supervivencia. (Img.3)

Gonzalo Fuenmayor: El invitado inesperado (2015), carboncillo sobre papel, 133 x 209 cm.
(Cortesía del Artista)

El artista expresa la aparición de una naturaleza que en Elegancia tropical (2015) es visualizada por el tenebrismo con el que ensambla un paisaje ambiguo, surgido de una particular armonía, significada en la ingente palmera que ocupa el espacio central del teatro. Acción liberadora del paisaje, en aquello que ya no es original, ni de lo natural ni de lo construido. Definición que va más allá de las normativas paisajísticas, ya que la obra ubica la relación del pensamiento compartido, de un repertorio paisajístico que actualiza la transformación de la naturaleza y objeta cualquier modo de posesión sobre la misma. (Img.4)

Gonzalo Fuenmayor: Elegancia tropical (2015), carboncillo sobre papel, 107x 168 cm.
(Cortesía del artista)

En el caso de la artista venezolana María Virginia Pineda (1980), los paisajes provienen de múltiples lugares, son extraídos y adoptados desde los saberes escriturales emanados de los mismos, conformando imágenes arquetipales capacitadas para presentar efectos y conexiones mentales. La artista pronuncia la desaparición del paisaje en sus Paisajes escritos a máquina (2018), en los que el paisaje es encarnado a través del copiar a máquina, con tinta mecanográfica sobre papel libre de ácido, fragmentos de textos descriptivos, carentes de imágenes. Su intención: centrarse en la lectura inhabilitadora de la observación directa. (Img.5)

María Virginia Pineda: Paisajes escritos a máquina N°1: Ávila y laguna (2018), Tinta mecanográfica sobre papel libre de ácido, passepartout, vidrio, madera, hilo de lino e inyección de tinta sobre papel glasee, 51 x 29,5 cm.
Fotografía: Julio Osorio (Cortesía de la artista)

El paisaje de Pineda es desaparición y aparición de la huella, dentro de otro modo de visualidad, el establecido por los saberes en su interpretación y por los recorridos que plantean la imagen narrativa del mismo. Este paisaje emerge en relación con la representación escritural, generadora de otra codificación e interacción de su presencia con respecto a nuestra percepción visual y mental. (Img.6)

María Virginia Pineda: Paisajes escritos a máquina N° 8: Quebrada del Morrocotudo (2018), Tinta mecanográfica sobre papel libre de ácido, passepartout, vidrio, madera, hilo de lino e inyección de tinta sobre papel glasee, 51 x 29,5 cm
Fotografía: Julio Osorio (Cortesía de la artista)

Las obras de estos artistas comprenden las apariciones y las desapariciones del paisaje en su configuración de huella, en relación con el sí mismo pero derivado al otro. Expresan su particular territorialidad, desmantelada en lo sabido y dotada de una renovada conciencia, con la cual redimensionan el paisaje, más allá del hecho contemplativo, con la intención de conducirlo a nuevas interpretaciones en las que el mismo sea el principal significante de nuestra particular naturaleza.

Elizabeth Marín Hernández:

Lic. en Letras, mención Historia del Arte, Lic. en Educación mención Letras por la Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela. Dra. en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona, España. Prof. titular del Departamento de Historia del Arte de las cátedras de Arte Latinoamericano Moderno y Arte Contemporáneo de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes Mérida-Venezuela. Investigadora activa de la Universidad de Los Andes Mérida-Venezuela. Ha publicado numerosos artículos sobre arte contemporáneo y latinoamericano en revistas nacionales e internacionales. Ha sido directora y curadora de la Galería de Arte La Otra Banda adscrita a la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes Mérida-Venezuela en la que realizó una vasta labor expositiva. Junto a su ejercicio docente actualmente coordina y cura el Espacio Proyecto Libertad para la difusión y la investigación del arte contemporáneo nacional en la ciudad de Mérida-Venezuela.

Publicaciones:

Marín Hernández, Elizabeth (2018): “Nuevas abstracciones geométricas venezolanas: un paso más allá”, en: el ornitorrinco tachado, No. 7,México,uaeméx, mayo-octubre 2018,issn 2448-6930,e-issn 2448-6949, pp. 21-34.https://ornitorrincotachado.uaemex.mx/article/view/4689

Marín Hernández, Elizabeth (2018): “Sobre el fotolibro “Los Expedientes de Juan Toro Diez: La luz de las luciérnagas”, en: Prodavinci,http://fotourbana.org/elizabeth-marin/sobre-el-fotolibro-los-expedientes-de-juan-toro-diez-la-luz-de-las-luciernagas/

Marín Hernández, Elizabeth (2018): “La Crisálida de Pepe López: El Traslado Imposible”, en: La ONG, http://www.laong.org/la-feminizacion-de-la-violencialas-bacantes-de-gala-garrido-por-elizabeth-marin-hernandez-2/

Marín Hernández, Elizabeth (2018): “Un Ser-para-Otro: El Cuerpo Narrativo de Eliseo Solís Mora”, en: La ONG, http://www.laong.org/la-feminizacion-de-la-violencialas-bacantes-de-gala-garrido-por-elizabeth-marin-hernandez-2-2/

Marín Hernández, Elizabeth (2018): “‘…’ Juan Toro-Diez y la acción de entorpecer el ver”, en: Argus-a Artes & Humanidades, http://www.argus-a.com.ar/publicacion/1383–juan-toro-diez-y-la-accion-de-entorpecer-el-ver.html

Marín Hernández, Elizabeth (2019): “Notas sobre la diáspora actual venezolana: La Crisálida de Pepe López”, en: Nierika. Revista de estudios de arte, Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, 15, pp. 56-67.http://revistas.ibero.mx/arte/articulo_detalle.php?pageNum_paginas=1&totalRows_paginas=12&id_volumen=15&id_articulo=397&id_seccion=154&active=153&pagina=60&pagina=61

Marín Hernández, Elizabeth (2019): “El Giro Geográfico de Antonio García Rico y su Museo Efímero”, en: Sala Mendoza, (https://www.fundacionsalamendoza.com/post/el-giro-geogr%C3%A1fico-de-antonio-garc%C3%ADa-rico-y-su-museo-ef%C3%ADmero

Marín Hernández, Elizabeth (2019): “El des-artista: El ‘sí mismo’ de Eliseo Solís Mora”, en: Índex, Revista de arte contemporáneo, versión On-line ISSN 2477-9199, versión impresa ISSN 1390-4825, http://scielo.senescyt.gob.ec/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S2477-91992019000200046&lng=es&nrm=iso)

Marín Hernández, Elizabeth (2019): “La búsqueda del «Nosotros»: entre La Carbonera y Tropus/ La desaparición de Venezuela”, en: WINTER BREAK, fallsemester.org, https://static1.squarespace.com/static/56ec53dc9f7266dd86057f72/t/5d61a1b13b5c5f0001d18fac/1566679475982/EM-Spa-Eng.pdf, https://static1.squarespace.com/static/56ec53dc9f7266dd86057f72/t/5c936fae8165f526b99c163d/1553166257049/ElizabethMarin.pdf

Marín Hernández, Elizabeth (2020): “Abstracciones Territoriales, Cartografías, Mapas y Fósiles: Los Ur-fenómenos de Eduardo Vargas Rico”, en: Tráfico Visual, http://www.traficovisual.com/2020/04/30/abstracciones-territoriales-cartografias-mapas-y-fosiles-los-ur-fenomenos-de-eduardo-vargas-rico/

Marín Hernández, Elizabeth (2020): “Atrapadas por la Historia: Las Hetairas, los raros enunciados femeninos de Gala Garrido”, en: La ONG, http://www.laong.org/lashetairasgalagarridoelizabethmarinhernandez/

Marín Hernández, Elizabeth (2020): “Nuevas, o no tan nuevas, masculinidades: Hombre, demasiado humano”, en: La ONG, http://www.laong.org/nuevas-masculinidades-hombre-demasiado-humano-por-elizabeth-marin-hernandez/

 

 

 

 

Le paysage-empreinte: entre apparitions et disparitions

Dans cet article, l’auteur analyse le traitement pictural du paysage de trois artistes de la Caraïbe colombo-vénézuélienne Armando Reverón, Gonzalo Fuenmayor et María Virginia Pineda.

L’artiste vénézuélien Armando Reverón (1889-1954) porte l’iridescence lumineuse à l’extrême et  utilise la vibration de la lumière comme un élément de configuration plastique capable de diluer le paysage.

Armando Reverón: Cocoteros en la playa (1921), óleo sobre tela, 47×61 cm.
(Obra desaparecida durante los deslaves del Estado Vargas-Venezuela, 1999)
http://katherinechacon.blogspot.com/2016/09/cuatro-miradas-criticas-sobre-armando.html

Armando Reverón: El árbol (1931), óleo sobre lienzo, 64, 5x 80,6 cm. (Colección Patricia Phelps de Cisneros)
https://picturingtheamericas.org/painting/the-tree/?lang=es

L’artiste colombien Gonzalo Fuenmayor (1977 construit des paysages suggestifs par l’intrusion de la nature dans des architectures du passé.

Gonzalo Fuenmayor: El invitado inesperado (2015), carboncillo sobre papel, 133 x 209 cm.
(Cortesía del Artista)

Gonzalo Fuenmayor: Elegancia tropical (2015), carboncillo sobre papel, 107x 168 cm.
(Cortesía del artista)

L’artiste vénézuélienne María Virginia Pineda (1980), incarne le paysage dans des textes descriptifs, dénués d’images.

María Virginia Pineda: Paisajes escritos a máquina N°1: Ávila y laguna (2018), Tinta mecanográfica sobre papel libre de ácido, passepartout, vidrio, madera, hilo de lino e inyección de tinta sobre papel glasee, 51 x 29,5 cm.
Fotografía: Julio Osorio (Cortesía de la artista)

María Virginia Pineda: Paisajes escritos a máquina N° 8: Quebrada del Morrocotudo (2018), Tinta mecanográfica sobre papel libre de ácido, passepartout, vidrio, madera, hilo de lino e inyección de tinta sobre papel glasee, 51 x 29,5 cm
Fotografía: Julio Osorio (Cortesía de la artista)