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Sondeos ontológicos de un proceso open-ended

El paisaje es una construcción cultural que habitamos

Juan Antonio González Pérez

El paisaje, en tanto género y concepto, deviene un campo dinámico de códigos y símbolos; un fenómeno que tiende a la interdisciplinariedad. Es un proceso creativo e interpretativo transversal, que evoluciona y se nutre de las ganancias de otras tendencias artísticas, y que está permeado por las subjetividades de los artistas y sus coyunturas sociales y personales. Asimismo, ha devenido en una mutación constante; en un hecho cultural de reciclaje a través del cual los artistas en los últimos tiempos han expresado preocupaciones e intereses como escapatorias sobre la cultura pasada, la presente y, también, la futura.

Joan Nogué (2008) se refiere a este ensanchamiento teórico y factual del paisaje contemporáneo como una “nueva manera de ver”, donde el posmodernismo ha encontrado en el paisaje –y sobre todo en el paisaje generado por la posmodernidad– un interesante punto de reflexión (p.20), en el que confluyen factores psicológicos, sociológicos y antropológicos. La concepción y construcción de la imagen-paisaje no está anclada únicamente en evidenciar el estado actual, los vestigios o las renovaciones de una sociedad o cultura determinada; sino también en hacer visibles ámbitos otros de representación nostálgica, ardides y metáforas estéticas. El debate entre el paisaje y su representación ha adquirido una especial notoriedad en la posmodernidad, puesto que una de sus paradojas fundamentales (…) es la clara definición entre la realidad y su representación (…) (Nogué, 2008, p. 15).

Y es que precisamente, esa praxis artística referente al paisaje posmoderno, siguiendo las reflexiones de Nogué, podemos maridarla con la fotografía como acto no solo de expresión y canalización personal, sino también de manipulación visual. Es oportuno aclarar que no es sobre la fotografía en tanto manifestación tradicional lo que aquí se expone, mediante la cual se captura una realidad determinada o se proyecta la escenificación de esta. El anclaje está en el fotocollage, quizás una ramificación más contemporánea dentro de dicha manifestación, sustentada en la tradición del collage como uno de los grandes aportes del Cubismo a las vanguardias del siglo xx y que, mixturado conceptual y estéticamente con la fotografía, ha derivado en un producto artístico singular y polisemántico.

Paisaje y fotocollage –o fotocollages de paisajes– abundan en la trayectoria artística del cubano Ricardo Miguel Hernández Acevedo (La Habana, 1984) y, concretamente, al interior de su serie Cuando el recuerdo se convierte en polvo (2018-2020). Este artista acumula fotografías antiguas, datadas entre los años veinte y ochenta del siglo pasado; las clasifica y archiva por temas, dimensiones, formatos y ángulos de representación. Luego, en un arduo trabajo, que en ocasiones dura meses, las hace transitar por un proceso de rasgado, calado, mutilaciones e intervenciones de todo tipo y a toda conciencia, donde hasta la más mínima mancha o rotura del papel fotográfico, así como la huella rancia del paso del tiempo, cobran para él una dimensión significante (Fotocollage #54-Una nube negra sobre la cascada en el bosque).

n°54-Una nube negra sobre la cascada en el bosque

Los paisajes, re-compuestos meticulosamente por este artista, rompen con la idea de apreciación absoluta de la obra de arte. Con ellos desestabiliza la mirada e incita a la deconstrucción ineludible para su comprensión y saboreo. Realidades incompatibles, e incluso incoherentes, encuentran cabida en un mismo asidero estético (Fotocollage #169-Maleza). Hace converger micro-historias fragmentadas, residuales, descontextualizadas y, por ende, despojadas de toda jerarquización simbólica, para construir –desde un oficio cuasi artesanal con dosis tecnológica, además– escenarios multitemáticos que proyectan realidades diversas, desviadas del origen de dónde provino cada segmento de imagen (Fotocollage #142).

n°169-Maleza

n°142

Estas obras de Ricardo Miguel Hernández se me antojan cual up to date del paisaje, abordado desde la fotografía y el collage (Fotocollage #133). Resultan una suerte de descuadre bizarro tanto en el proceso artístico como en los discursos latentes en las obras. Sus fotocollages son, en definitiva, parataxis de imágenes que van más allá de la sumatoria arbitraria de recortes fotográficos. Es la consecuencia de un gesto provocador, a través del cual proponer un falaz rejuego estético y visual, de matices a veces surreales, a veces irónicos (Fotocollage #149-My heaven).

n°133

n°149-My heaven

Los paisajes re-creados se sustentan sobre ángulos complejos de la historia cubana como principal leitmotiv del trabajo de este artista: entornos perturbadores para unos y quizás refrescantes para otros (Fotocollage #52); escenas fácilmente identificables de los campos de Cuba que contrastan en un mismo fotocollage con entornos extravagantes, imposibles de apreciar en la geografía tropical que habitamos (Fotocollage #101), y que a su vez conforman una realidad que se regodea en los detalles, en la superposición de capas de historia, planos, texturas y cavilaciones (Fotocollage #153).

n°52

n°101

n°153

El paisaje en las obras de Ricardo Miguel Hernández es un pretexto a conciencia para la reflexión sobre la evidente inestabilidad de relatos del pasado, luego del rasgado y el pegamento. El artista propone posibles exégesis desde la fragmentación del paisaje, convertido luego en micro-paisajes construidos, que se tensan discursiva y visualmente en su heterogénea representación simbólica (Fotocollage #29). Los entornos re-fundados por Ricardo Miguel parecieran escenografías exquisitamente coordinadas, en las que ojos curiosos pueden escudriñar buscando zonas de identificación, líneas de fuga, realidades caóticas o nostalgias latentes (Fotocollage #130-Hoyo negro de nube).

n°29

n°130-Hoyo negro de nube

En los fotocollages donde el paisaje deviene texto y visualidad en la serie Cuando el recuerdo se convierte en polvo, confluyen más inquietudes sobre la deconstrucción del presente y la intuición del futuro que sobre el pasado en sí mismo. No obstante, aquellos dos no pueden concebirse ni construirse sin la memoria desempolvada del ayer (Fotocollage #160).

n°160

La operatoria de este artista ha adquirido calidad estética y experticia técnica a lo largo del tiempo dedicado al afán del fotocollage; y, al igual que el paisaje se encuentra en una constante renovación de su lenguaje –mejor explicado en palabras de Perla Zusman (2008, p. 287) como un proceso open-ended–, esta obra resultante de Hernández Acevedo deviene el ítem último de un proceso in crescendo y multiplicador. Y es que estas piezas, en su performática fabricación técnica y conceptual, devienen en metáfora polisémica de un paisaje otro, diferente, ontológico en su discurso, contrastante en su visualidad final, apabullante en la representación de códigos dispersos y precisos: un constructo artístico que pretende ofrecer nuevos esquemas narratológicos del paisaje.

 

Yenny Hernández Valdés (Artemisa, 1992. Vive y trabaja en La Habana, Cuba)

Investigadora, crítico, curadora y gestora cultural. Licenciada y Máster en Historia del Arte por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. En 2016 le fue otorgada una Mención honorífica por la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), en la edición 2016 Incentivo a Jóvenes Críticos. Se especializa en el estudio de la fotografía cubana contemporánea. Es coautora de los libros Experiencias culturales en el Palacio del Segundo Cabo: estrategias para la participación, la interpretación y la creación (2018, Ediciones Boloña, Cuba); y Yuniel Delgado Castillo: selected works (2018, Ediciones Siranga, España); y compiladora de Coloquios Presencias europeas en Cuba. Memorias 2017- 2018 (2018, Ediciones Boloña, Cuba). Ha colaborado con textos de su autoría en las revistas Arte Cubano, Noticias de Arte Cubano, CdeCuba, Magenta, Art Crónica, Negra; y en los sitios webs Art On Cuba, La Jiribilla, Cuban Art News, Circuito Líquido, entre otros.

 

Lista de artículos publicados en los dos últimos años (Resumen):

2020

El Palacio del Segundo Cabo: un museo de nuevo tipo. Estrategias museológicas para la comunicación de procesos culturales, en Jorge Onrubia Pintado, Víctor Manuel López-Menchero Bendicho, David Rodríguez González y Francisco Javier Morales Hervás (Eds.): LEGATUM 2.0. Musealización y Puesta en Valor del Patrimonio Cultural. I Congreso Internacional (25, 26 y 27 de octubre de 2017). Daimiel. Ciudad Real, pp. 73-91. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. Cuenca, 2020.  

La colección de fotógrafos latinoamericanos de la Fototeca de Cuba: el letargo de una colección, en revista Magenta. Argentina (9 de junio de 2020). Disponible en http://www.revistamagenta.com/la-fototeca-de-cuba/

Un nuevo Epicúreo entre nosotros: Ricardo Ríos, en revista Art Crónica (4 de junio de 2020). Disponible en https://www.artcronica.com/enlaces/un-nuevo-epicureo-entre-nosotros-ricardo-rios/

Códigos de un modus vivendi: Ernesto Capdevila, en revista CdeCuba. Imprensiones LalmprentaCG, No. 28. Valencia, España, pp. 62-67. Una versión de este texto también está disponible en http://cdecuba.org/ernesto-capdevila/

Idilios existenciales: Jorge Luis Miranda Carracedo, en revista CdeCuba. Imprensiones LalmprentaCG, No. 28. Valencia, España, pp. 102-107. Una versión de este texto también está disponible en http://cdecuba.org/jorge-luis-miranda/

Labrador de patrias, impulsor de cultura. José Martí en fotografía, en revista Magenta. Argentina (15 de abril de 2020). Disponible en http://www.revistamagenta.com/jose-marti-en-la-fotografia/

El gusto por el cuerpo. Estrategias discursivas de la novísima generación de fotógrafos del cuerpo, en revista Magenta, Argentina (31 de marzo de 2020). Disponible en http://www.revistamagenta.com/fotografos-del-cuerpo/

 

2019

La experiencia sinestésica de explorar un jardín vertical. Exposición personal de Ángel Ricardo Ricardo Ríos, en Revista Art Crónica (17 de diciembre de 2019). Disponible en http://www.artcronica.com/ac-noticias-la-experiencia-sinestecica-de-explorar-un-jardin-vertical/

Voluntad restauradora. La obra de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, en revista Negra. Escuela de Fotografía de La Habana (EFCH), No. 38, septiembre, pp. 56-65. La Habana, Cuba.

El sujeto en evolución. A propósito de Maiorum, muestra personal de Yuniel Delgado, en revista Art Crónica (septiembre de 2019). Disponible en https://www.artcronica.com/ac-noticias/el-sujeto-en-evolucion-a-proposito-de-maiorum-muestra-personal-de-yuniel-delgado/

Confluencia de posibilidades. Renelio Marin, en revista CdeCuba. Imprensiones LalmprentaCG, No. 27. Valencia, España, 2019, pp. 82-87. Una versión de este texto también está disponible en http://cdecuba.org/renelio-marin/

Explorations ontologiques d’un processus open-ended

Le paysage est une construction culturelle que nous habitons

Juan Antonio González Pérez

Le paysage, pris en tant que genre et concept, devient un champ dynamique de codes et de symboles ; un phénomène qui tend à l’interdisciplinarité. Il s’agit d’un processus créatif et interprétatif transversal, qui évolue et se nourrit des apports d’autres tendances artistiques et qui s’imprègne de la subjectivité et des contextes sociaux et personnels des artistes. Ainsi, le paysage est-il devenu une forme en mutation constante, un fait culturel de recyclage à travers lequel, récemment, les artistes ont exprimé leurs préoccupations ainsi que leurs intérêts, tels des prétextes à visiter ou à explorer la culture passée, présente ainsi que la culture future.

Joan Nogué (2008) évoque cet élargissement théorique et factuel du paysage contemporain comme une « nouvelle manière de voir », par laquelle le postmodernisme a trouvé dans le paysage – et surtout dans le paysage généré par la postmodernité – un point de réflexion intéressant (p. 20) où convergent des facteurs psychologiques, sociologiques et anthropologiques. La conception et la construction de l’image-paysage ne sont pas uniquement ancrées dans la mise en évidence de l’état actuel  des vestiges ou du renouveau d’une société ou d’une culture en particulier ; elles s’attachent également à rendre visibles d’autres domaines de la représentation nostalgique, ainsi que des stratagèmes et des métaphores esthétiques. Le débat entre le paysage et sa représentation a acquis une certaine notoriété à l’époque de la postmodernité, car un de ses paradoxes fondamentaux (…) est la définition nette entre la réalité et sa représentation (…) (Nogué, 2008, p. 15).

Et c’est précisément cette praxis artistique afférente au paysage postmoderne, suivant les réflexions de Jean Nogué, que nous pouvons appliquer à la photographie comme un acte non seulement d’expression et de canalisation personnelle, mais aussi de manipulation visuelle. Il convient de préciser que nous ne traitons pas ici de la photographie en tant que manifestation traditionnelle qui capture une réalité déterminée ou qui en projette la mise en scène. L’accent est mis par contre sur le photo-collage, qui constitue probablement une branche plus contemporaine de ladite manifestation, tout en faisant partie de la tradition du collage comme apport important du Cubisme aux avant-gardes du XXème siècle et qui, mélangé conceptuellement et esthétiquement à la photographie, est progressivement devenu un produit artistique singulier et polysémantique.

Les photos-collages de paysages abondent dans le parcours artistique de l’artiste cubain Ricardo Miguel Hernández Acevedo (La Havane, 1984) et notamment au sein de la série Cuando el recuerdo se convierte en polvo (Quand le souvenir tombe en poussière) (2018-2020). Cet artiste collecte des photographies anciennes des années 1920 et 1930 ; il les classe et les archive par thèmes, dimensions, formats et angles de vue. Puis il se livre à un travail complexe, qui dure parfois des mois, où il soumet les photographies à un processus de déchirure, de trempage, de mutilations et d’interventions de tous types et en toute conscience, où la moindre tache ou rupture du papier photographique, ainsi que la trace moisie du passage du temps, revêt pour lui une dimension signifiante (Photo-collage #54-Una nube negra sobre la cascada en el bosque (Un nuage noir sur la cascade dans la forêt).

n°54-Una nube negra sobre la cascada en el bosque

Méticuleusement recomposés par l’artiste, les paysages rompent avec l’idée d’une appréciation absolue de l’œuvre d’art. Ils déstabilisent le regard et invitent à une démarche de déconstruction incontournable pour être comprise et appréciée. Des réalités incompatibles, voire incohérentes, trouvent leur place dans un même support esthétique (Photo-collage #169-Maleza (Broussailles)). Il fait converger des micro-histoires fragmentées, résiduelles, décontextualisées et de ce fait, dépouillées de tout hiérarchisation symbolique, ceci afin de construire – à partir d’un travail quasi artisanal certes avec une dose de technologie – des scénarii multi-thématiques qui projettent des réalités diverses s’écartant de la provenance originale de chaque segment d’image (Photo-collage #142).

n°169-Maleza

n°142

Ces œuvres de Ricardo Miguel Hernández m’apparaissent comme des updates ‘mises à jour’ du paysage, abordées par le biais de la photographie et du collage (Photo-collage #133). Il en résulte une espèce de décalage étrange, tant en termes de processus artistique que du discours latent sur les œuvres. Au bout du compte, ses photo-collages sont des parataxes d’images qui vont au-delà de l’ajout arbitraire de découpages photographiques. Il s’agit du résultat d’un geste provocateur, par lequel l’artiste propose un brouillage visuel et esthétique trompeur, avec des nuances parfois surréalistes, parfois ironiques (Photo-collage #149-My heaven).

n°149-My heaven

Les paysages re-créés s’inspirent d’angles complexes de l’histoire cubaine qui constituent le leitmotiv du travail de l’artiste : des environnements perturbants pour certains et peut-être rafraîchissants pour d’autres (Photo-collage #52) ; des scènes facilement identifiables des campagnes cubaines qui contrastent, à l’intérieur d’un même photo-collage, avec des environnements extravagants, impossibles à reconnaître dans la géographie tropicale que nous habitons (photo-collage #101) et qui fourmillent à leur tour de détails, de superpositions de couches d’histoire, de plans, de textures et de réflexions (photo-collage #153).

n°52

n°101

n°153

Le paysage dans les œuvres de Ricardo Miguel Hernández est un prétexte conscient pour interroger l’instabilité évidente des récits du passé, au-delà du déchirement et du collage. L’artiste propose des exégèses possibles à partir de la fragmentation du paysage, qu’il convertit ensuite en micro-paysages construits, discursivement et visuellement orientés vers leur représentation symbolique hétérogène (photo-collage #29). Les environnements re-formés par Ricardo Miguel ressemblent à des mises en scène exquisément coordonnées, qu’un œil curieux peut scruter à la recherche de zones d’identification, de lignes de fuite, de réalités chaotiques ou de nostalgies latentes (photo-collage #130-Hoyo negro de nube (Trou noir de nuage)).

n°29

n°130-Hoyo negro de nube

Dans les photo-collages où le paysage devient texte et attrait de la série Cuando el recuerdo se convierte en polvo, ce sont les inquiétudes sur la déconstruction du présent et l’intuition quant à l’avenir qui convergent davantage que celles sur le passé proprement dit. Pour autant, ces deux aspects ne peuvent se concevoir ni se construire sans la mémoire dépoussiérée d’antan (photo-collage #160).

n°160

Le mode opératoire de cet artiste a acquis une qualité esthétique et une expertise technique au fur et à mesure qu’il développait passion pour le photo-collage et, tout comme le paysage lui-même, son langage est en renouvellement permanent – ce que Perla Zusman exprime bien (2008, p. 287) en évoquant un processus de questions ouvertes – l’œuvre aboutie de Hernández Acevedo devient l’item ultime d’un processus en crescendo et multiplicateur. Et ces œuvres, par leur fabrication technique et conceptuelle performative, deviennent une métaphore polysémique d’un paysage autre, différent, ontologique dans son discours, qui détonne par son attrait final, regorgeant de codes dispersés et précis : une construction artistique qui propose de nouveaux schémas narratifs du paysage.